“Jesús, por favor permite que orar sea más fácil para mí, porque yo realmente quiero enseñar a mis hijos a que les guste orar, cuando yo crezca. Gracias Señor Jesús. Amén!” Mi hija de diez años y yo acabábamos nuestro tiempo de oración en la noche y ella había cerrado con una sincera honestidad, mientras le hablaba a Jesús. Cuando yo salí de su habitación y comencé a cerrar la casa por esa noche, las palabras de Jesús resonaron en mi mente cuando Él dijo: “Mi casa será llamada casa de oración.” (Marcos 11:17). Más adelante Pablo explicó que…